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Palto · Phytophthora · 7 min de lectura

Tristeza del palto: la raíz se pierde antes que la copa

Phytophthora cinnamomi nada en el agua del suelo y se come la raíz fina meses antes de que el árbol avise. El riego, el drenaje, el fosfito bien usado y Trichoderma en la rizósfera deciden cuánto llega a la copa.

Publicado el 1 de octubre de 2026

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Tristeza del palto: la raíz se pierde antes que la copa

En la costa peruana el palto rara vez se muere de golpe. Se apaga. Primero la hoja sale más chica y de un verde pálido, después la copa se ve rala, la fruta no engorda y las ramas empiezan a secarse desde arriba. Cuando el productor se da cuenta, el problema lleva meses trabajando donde nadie mira: en la raíz fina.

Ese cuadro tiene nombre y apellido. La pudrición radicular del palto, la «tristeza», está reportada en el Perú con Phytophthora cinnamomi como agente causal, y en la irrigación Chavimochic se la describe como uno de los principales problemas del cultivo (Gastañadui et al., 2021). No es un hongo verdadero sino un oomiceto, un organismo que se mueve en el agua del suelo. Y eso explica casi todo lo que hay que hacer contra él.

Lo que pasa bajo tierra antes de que la copa avise

El daño empieza en las raicillas absorbentes. Se ponen de color marrón oscuro a negro, se vuelven quebradizas y la pudrición avanza poco a poco hacia las raíces más gruesas. Un árbol con la mitad de su raíz fina perdida todavía puede tener hojas, pero ya no absorbe agua ni nutrientes como antes: por eso los síntomas de la copa se parecen tanto a una deficiencia o a una sequía.

  • Hojas más pequeñas de lo normal y de color verde pálido o amarillento.
  • Copa abierta, con defoliación progresiva y ramas que se secan desde la punta.
  • Fruta chica que no llega a calibre.
  • Al escarbar bajo la gotera: raicillas negras, que se quiebran al tocarlas, y pocas puntas blancas de raíz nueva.

La regla de campo es simple: si la copa se ve triste, se revisa la raíz antes de corregir el fertilizante. Echarle más nitrógeno a un árbol que no tiene raíz para absorberlo es pagar dos veces por el mismo problema.

Riego y suelo: el patógeno nada

Phytophthora cinnamomi se dispersa con zoosporas que nadan en la película de agua del suelo hasta encontrar la raíz. Un suelo saturado es una autopista para ellas. Por eso la enfermedad se desarrolla rápido en suelos arcillosos y con mal drenaje, donde hay poca aireación, más compactación y retención excesiva de humedad. Y el inóculo no se va con una campaña seca: el patógeno se conserva en estructuras de resistencia hasta seis años en suelo húmedo.

En la costa, donde casi todo el palto está bajo riego tecnificado, el agua la pone el fundo. Ahí se gana o se pierde. La recomendación técnica es evitar el riego excesivo y la microaspersión que moja la base del tronco, porque crea un microclima favorable al patógeno; mejorar la aireación del suelo con materia orgánica; plantar en camellones o nivelar donde el agua se empoza, y partir de plantones de vivero sano.

Por qué el fosfito importa, y por qué no se puede abusar de él

El fosfito es, desde hace décadas, la herramienta química de referencia contra la tristeza del palto. Funciona por dos vías: frena directamente el crecimiento del patógeno —un estudio de proteómica de Prabhu et al. (2025) mostró que altera sus oxidorreductasas y su metabolismo energético— y además refuerza las defensas del propio árbol. Se aplica al tronco o al follaje y viaja dentro de la planta hasta la raíz.

El problema es el uso continuo como única herramienta. En huertos de Nueva Zelanda se encontraron aislamientos tolerantes que necesitaban entre 82 y 124 µg/mL de fosfito para frenar la mitad de su crecimiento, frente a 19 a 29 µg/mL de los sensibles, y que, con fosfito presente, colonizaban más tejido de raíz en ensayo y producían más zoosporas (Hunter et al., 2023). En Estados Unidos, 125 aislamientos de huertos de palto mostraron valores de 4,6 a 763 µg/mL, con la menor sensibilidad en California y Florida, lo que los autores atribuyen al uso excesivo (Hoyt et al., 2026). El mismo estudio encontró aislamientos con temperatura óptima de crecimiento de 28 a 30 °C (Hoyt et al., 2026), una adaptación al calor que conviene tener presente en suelos cálidos.

La lección no es dejar el fosfito. Es dejar de pedirle que haga todo solo. Cada aplicación rinde más cuando el suelo drena, cuando el riego no encharca y cuando la rizósfera tiene ocupantes que le disputan el espacio al patógeno.

Raíces de palto con raicillas negras y quebradizas junto a raíces blancas sanas en suelo húmedo
La raíz fina enferma se pone negra y quebradiza; la sana es blanca y firme. La diferencia se ve en la gotera, meses antes que en la copa.
Los métodos de control aplicados por separado no se sostienen en el tiempo. Lo que funciona en un huerto con tristeza es la combinación: suelo, riego, química bien usada y biología en la raíz.

Un ensayo en un huerto comercial de Colombia comparó estrategias aisladas contra una combinada: fosfito inyectado al tronco, fungicida al suelo, silicato de potasio, cobertura orgánica alrededor del árbol y 10 kg de compost incorporados por planta. El tratamiento combinado redujo hasta 68,6 % el área bajo la curva de progreso de la enfermedad, aumentó hasta 44 % la fruta de calidad extra frente a los árboles enfermos sin manejo y multiplicó hasta 9,4 veces el porcentaje de raíces viables. El ingreso del huerto subió 9,5 veces (Ramírez-Gil et al., 2017).

El dato que importa no es un producto, es la raíz viable. Todo lo que hace que el árbol vuelva a tener raicillas sanas —aire en el suelo, materia orgánica, agua bien medida y menos inóculo— se traduce en copa y en calibre.

Trichoderma en la rizósfera: ocupar el espacio primero

Aquí entra la biología. Trichoderma es un hongo de suelo que coloniza la superficie de la raíz y compite por el mismo espacio y los mismos exudados que busca la zoospora. Además produce enzimas líticas y metabolitos que atacan la estructura del patógeno, y estimula las defensas de la planta. El manejo integrado de la tristeza del palto incluye el control biológico con Trichoderma dentro del manejo integrado.

Hay evidencia peruana. En la irrigación Chavimochic se probaron cinco aislamientos de Trichoderma sobre patrón Zutano inoculado con Phytophthora cinnamomi: todos colonizaron la rizósfera y todos controlaron la pudrición, pero los aislamientos nativos de la zona dieron mayor diámetro de tallo, más materia seca de raíz y mayor porcentaje de raíz sana (Gastañadui et al., 2021). En Quilmaná, Cañete, cepas de Trichoderma aisladas de la rizósfera de paltos inhibieron entre 54 % y 60 % el crecimiento del patógeno en cultivo dual (Morales et al., 2020).

Los dos trabajos dicen lo mismo con otras palabras: la cepa y su adaptación al lugar mandan. Un Trichoderma que no se establece en la raíz no compite con nadie.

Cómo se arma el programa en un fundo de la costa

  • Vivero y trasplante: la raíz nueva es la que hay que proteger primero. TRIPALTO va al sustrato en vivero (3 mL/L) y al hoyo en el trasplante (40 mL/planta), para que la rizósfera llegue colonizada antes que el patógeno.
  • Palto establecido: TRIPALTO por fertirriego, 2 L/ha cada 30 días, para sostener la presión biológica a lo largo de la campaña.
  • Riego por demanda real, con tensiómetro o calicata, y sin mojar la base del tronco.
  • Drenaje, camellón y materia orgánica en los cuarteles que se empozan.
  • Fosfito dentro de un programa técnico, con la dosis justa y sin depender solo de él.

TRIPALTO lleva la dupla de alta presión del cepario VISE, Trichoderma citrinoviride y T. longibrachiatum, cada una a 1,0x10¹⁰ conidias viables por mililitro. Se eligieron por su capacidad de establecerse sobre raíz leñosa y disputarle a Phytophthora el espacio que necesita para instalarse, en los meses donde el palto se define. Entra por el fertirriego que el fundo ya tiene montado, sin sumar una operación al calendario.

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El programa para la raíz del palto

La dupla de alta presión del cepario VISE, desde el vivero y el hoyo de trasplante hasta cada fertirriego, para que la rizósfera del palto esté ocupada antes de que llegue Phytophthora.

O mira el portafolio completo del cultivo

Referencias

  • Gastañadui, P., Moreno, R., Quiroz-Delgado, P. E. y Apaza-Tapia, W. E. (2021). Control of avocado root rot caused by Phytophthora cinnamomi with different Trichoderma strains at Chavimochic Irrigation Project. Peruvian Journal of Agronomy, 5(3), 78–86. https://doi.org/10.21704/pja.v5i3.1846
  • Hoyt, B. K., Salas, S., Crane, J. H., Navia-Urrutia, M., Gazis, R., Cano, L. M., Adhikari, A., Tian, M., Jifon, J., Goenaga, R., Serrato-Diaz, L. M., Adaskaveg, J. E. y Manosalva, P. (2026). Phytophthora cinnamomi populations collected from avocado in the United States exhibit high adaptive capacity to climate and disease control methods. Frontiers in Plant Science, 17, Artículo 1838248. https://doi.org/10.3389/fpls.2026.1838248
  • Hunter, S., McDougal, R., Williams, N. y Scott, P. (2023). Evidence of phosphite tolerance in Phytophthora cinnamomi from New Zealand avocado orchards. Plant Disease, 107(2), 393–400. https://doi.org/10.1094/PDIS-05-22-1269-RE
  • Morales, E. M., Lino, M. D., Ortega, E. y Castellanos, P. L. (2020). Evaluación de la capacidad antagónica in vitro de cepas de Trichoderma spp frente a Phytophthora cinnamomi, fitopatógeno de Persea americana (Palta). Ciencia e Investigación, 23(1), 65–70. https://doi.org/10.15381/ci.v23i1.18754
  • Prabhu, S. A., Naicker, P., Duong, T. A., Govender, I. S., Engelbrecht, J., Backer, R., Stoychev, S. H. y van den Berg, N. (2025). Phosphite inhibits Phytophthora cinnamomi by downregulating oxidoreductases and disrupting energy metabolism. Frontiers in Microbiology, 16, Artículo 1632726. https://doi.org/10.3389/fmicb.2025.1632726
  • Ramírez-Gil, J. G., Castañeda-Sánchez, D. A. y Morales-Osorio, J. G. (2017). Production of avocado trees infected with Phytophthora cinnamomi under different management regimes. Plant Pathology, 66(4), 623–632. https://doi.org/10.1111/ppa.12620